sábado, 18 de abril de 2009

Alucinado


A veces siento que estoy en ningún sitio. Quiero tocar un mueble y solo toco mi piel: solo mi piel toca: doblemente lejos. ¿Es un viajero quien dentro de mí contempla, degusta y palpa las cosas que yo ni siquiera considero? Y si dentro y fuera son siempre lugares opacos, templos de sal quemada, ¿dónde me encuentro? Si nunca sé ni toco nada, si siempre confundido ando, ¿en dónde todo lo desconocido del mundo se concentra? Creo que finalmente estoy solo en mi piel. Y que esta cubierta es mi único asilo. Ni en las cosas ni lejos de ellas. Entre las tinieblas y el abismo, ¿acaso puedo escoger uno de ellos? El viajero se sienta y el mueble delirante canta: mi piel se desenvuelve, humilde ella, como un abanico cubriendo la realidad del aire, mofándose de su exilio.

lunes, 13 de abril de 2009

Dando vueltas

Casi siempre terminamos peleando. Una huaca que en este momento es un basurero. No entiendo cuál es el vínculo, la razón o la causa para que este pedazo de barro tenga que significar algo para mí. Hace muchos años para construir una carretera barrieron del mapa una o dos de estas. Cuál es el valor, qué hace especial esta construcción que en este momento no me causa la menor extrañeza. Acaso no es natural que cada nuevo pueblo que aparezca elimine todo vestigio de algo anterior. Un mundo debe ser destruido para que otro nazca. Y así el fin del mundo ha sido una y otra vez, lleno de sangre y flores y sepulturas. Quiero pensar que algo queda, pero eso no es más que otro intento desesperado de evadir la muerte. ¿Si todo acaba, no es lo más natural del mundo que una civilización termine también? Nuestra finitud me causa horror.
Muchos hombres antes que yo han pisado esta tierra. Han construido sus casas y sus campos, han hecho que la tierra florezca, que los árboles den fruto. Su trabajo no ha sido en vano; algo de ello queda aún en los atardeceres. Pero por más que intento e intento no puede acceder a ese toque de gracia que nos da la fe en algo. Me es imposible considerarme uno de ellos o incluso sentirlos cerca. Son tan extraños para mí como seguramente yo lo hubiera sido para ellos. Lo único que tengo en común con ellos es mi muerte, mi pobre humanidad, que es lo mismo que decir nada. Ellos también estuvieron acá. Y si esa coincidencia, esa azarosa casualidad, tuviera algún sentido sería el de la sorpresa o el desconcierto.
Y llega la pregunta: ¿y si me alimentara de sus muertos? ¿Si acaso construyera mi casa y mi tejado con el mismo barro? ¿Si cada una de mis ideas y mis sueños no fuera más que una ridícula proyección de algo ya ideado y soñado? ¿Si cada palabra sonara doblemente, como puro sonido y como otra vida? Estoy acabado no porque termine un ciclo sino porque hay algo completo que llevo dentro de mí como un segundo corazón. Ellos vivieron en esta tierra, también murieron en ella. Sus cuerpos, como un polvo blancuzco, aún deben reposar aquí. Aunque ya nadie se acuerde de ellos, aunque sus hijos y los hijos de sus hijos hayan muerto también. Si acaso un ciclo nos envuelve, si acaso encerrados en la rueda solo damos vuelta, quiero creer que cuando grito algo de ellos sobrevive y respira en ese grito. Y no es porque los conozca sino porque esa tierra, ese barro inesperado, del que está hecho esa huaca, mis manos y sus campos es el mismo. Quiero creer aún cuando sepa que todo es mentira: solo el milagro es real, aunque no exista.

lunes, 6 de abril de 2009

Dos poemas de Augusto Lunel


MI AMADA es un día de dos soles,su mirada es la estación de los metales.

Viajo por su garganta,
por desnudos planetas que habito con los labios.
Mis manos sueñan,
atraviesan jardines donde las flores son aves.

Sus hombros, ángeles atrapados en el vuelo,
me raptan en la huída.

Su corazón y el mío palpitan entre sus muslos.

Viajo por sus cabellos hasta el estanque de los peces de oro,
por aguas de otro planeta, cuando me mira.

Mi amada es la ciudad
donde por todas las calles se llega a la luna,
hermosos tigres se asoman a las ventanas.

LUNEL, Augusto. Los puentes. En: CARNERO, Carlos, Gonzalo PORTALS y Rubén QUIROZ (eds.). Los otros. Vol. 1. Lima, El lamparero alucinado, 2006, p. 122.

¡EL HOMBRE cogido entre redes de viento,entre los sueltos cabellos de su lápiz!
¡El hombre torna al sueño como quien vuelve a la patria,
los astros en contacto con el axón de sus neuronas!
Ser otro y él mismo.

Ibídem, p. 108.

lunes, 30 de marzo de 2009

Geometría


Mi hermana vive distante de mí; en su tiempo sin tiempo. Con un gesto casi vacuno nos dice: no me molestes. La calma que ha conseguido no hace sino estremecerme. Después del accidente vive alejada de mí y del resto. Solo baja de su cuarto para el almuerzo. Y en la mesa todos la observamos. Cómo coge la cuchara, cómo mastica y cómo saborea cada porción de nuestra comida. A veces quisiera que mi mundo fuera tan simple e indoloro como el de ella. Qué hace y en qué piensa. Porqué no se preocupa de nada y así muchas veces después de un asalto o un olvido o un accidente llega sonriente a contarnos qué le pasó y cómo, otra vez, no hizo nada. Es un ser incapaz de defenderse en esta ciudad de nadie. Y así muchas veces llega herida. La acogemos y nos preguntamos, ¿en dónde está? ¿En qué porción del universo se encuentra? ¿Por qué su mundo tiene ese ritmo tan extraño para nosotros? Mi hermana sonríe mientras le limpio la sangre de la cara.
—Sabes algo –me dice— hoy la luna está muy hermosa.
Me detengo, la contemplo y acerco mi vista al cielo. No veo la luna, sino muchas nubes que todo lo oscurecen.
—Sí, tienes razón –le digo—. La próxima saldré contigo para protegerte.
—Protegerme… ¿Protegerme de qué?

lunes, 23 de marzo de 2009

Oración

Debe existir un orden que lo explique todo; que me diga por esto callas y por esto te encierras en tu cuarto, mientras en el piso de abajo alguien grita. Solo de esa manera puedo quedarme tranquilo. No es miedo, sino algo peor: necesidad de razones. Cuando me siento mal o cuando me duele la panza; algo que diga esto es por esto. Si buscas una explicación entraste al giro de las soluciones, me digo y es, lo lamento, la verdad. Explicar es a la larga buscar el remedio. Buscas la fórmula de la felicidad; para que no te duela la panza, ni el corazón, ni la cabeza. Para eso las razones, para eso el orden: no quiero el dolor es lo mismo que decir no quiero la vida. Si me dejaran quedarme quieto por un rato y no hubiera nadie sobre la tierra si no yo y yo otra vez, ¿eso sería como la muerte? A veces, apenas me levanto me acerco al espejo y digo quiero que me ames. Imbécil, el amor está fuera de ti, contesto. Y ese es el orden: adentro y afuera; el miedo y el dolor no comienzan en la panza, si no afuera: en mi corazón o en mi cabeza o en mis dedos (los del pie o los de la mano) y sigo numerando y buscando cuál es esa primera pieza que se descompone y me produce esas ganas de muerte, desolación o esa maliciosa ganas de hundir a los que me rodean. Poseído por la nada: con un agujero negro entre las tripas. Perdonadme.

martes, 17 de marzo de 2009

Varela

Me enteré en Arequipa que había muerto. La misma fórmula siempre.
Poeta muerto: poeta en el estante: soy culto: tengo sensibilidad.
Varela fue como un primer acercamiento a la poesía, lo que es lo mismo, a la realidad.
Cruda, a veces complicada.
poesía llena de visceras y manchas oscuras. poesía q hace daño, que hace q la gente se turbe y se quede callada.
Donde estés Blanquita, Estereograma para ti.

martes, 10 de marzo de 2009

Arequipa, segunda noche

Decidimos quedarnos en la calle. Para que escuches la lluvia? No sé. Hace frío en Arequipa y tenemos una mano de platano en la mochila, 50 Estereogramas, el Trópico de Cáncer de Miller y las obras de Hesiodo. Todo un humanista con la lluvia que moja mis zapatos y hace mucho frío en Arequipa. Estuvimos detenidos seis horas en el camino. Nada de supersticiones, pie derecho, un toro en el carro y el espejo roto, muchos años, mala suerte. Queremos que las cosas salgan bien. Seguimos buscando un techo pequeño que nuestros 20 soles puedan cubrir por una semana. Todo es riesgo. Y aventura? Aventura no es quedarte a las tres de la mañana varado en una esquina vacía viendo como la gente se acurruca a un lado de la pista o bajo un techo alejándose de la lluvia. Tengo un poco de ron y si nadie nos acepta tendremos que quedarnos acá. Palabras y el agua helada de Arequipa. Conseguimos un lugar en donde la comida costaba tres solos y un poco de tristeza después de ingerirla. No no. Hace falta más para detenernos. Empezaremos a vender revistas en la calle si no encontramos otra opción frente a la catedral y las palomas que caen y cagan en la plaza. Dispuestos a todo? Bajo la lluvia y con el aire justo para la vida.