
miércoles, 8 de junio de 2011
Puro silencio

martes, 8 de febrero de 2011
Servicios higiénicos

El carro había parado hace media hora y nadie sabía cuáles eran las medidas indicadas y cómo resolverían ese problema que, de alguna manera, los incumbía a todos. Algunos empezaban a sentirse incómodos. El viaje se había prolongado más de lo esperado. Y aunque la voluntad de ayuda y la solidaridad habían encontrado una espléndida manifestación en sus actos, no dejaba de ser cierto que la desesperación se trazaba en sus rostros en un diseño que, poco a poco, se asemejaba al odio. Las llamadas habían sido hechas, sin embargo, hasta ese momento, ninguna ambulancia llegaba a socorrerlos. La mayoría prefirió salir del vehículo y fumar un cigarrillo, el humo se elevaba denso y amargo como una increpación al casi muerto, al acongojado ser humano que se quebraba en el interior del transporte. Sólo unos cuantos pasajeros lograban sostenerse en el cuidado. Uno de ellos por ejemplo había colocado la cabeza del herido encima de sus piernas y con un pedazo de cartón producía el aire necesario para que no cayera en la incertidumbre, y acaso el miedo. Sus piernas se habían adormecido, debido al esfuerzo, y una especie de latido le recordaba que no podría aguantar más de un par de minutos.
Dentro todo era silencio, aunque cada cierto tiempo, no se sabe si por molestar, alguno de los pasajeros dedicados al cuidado mostraba síntomas de vómito y dolor de estómago. Inmediatamente era conducido fuera para no alterar la calma del recinto. Los encargados de la víctima no sabían nada más, pues aquellos individuos no regresaban, tampoco podían preguntarles a los que fumaban en el exterior (la guerra había iniciado, aun contra sus deseos). Cuando el cielo comenzó a oscurecerse, todos se echaban la culpa, unos a otros. No había pasado mucho rato cuando empezaron los golpes, a tal punto que incluso los que estaban dentro se vieron envueltos en la lid. Para ese entonces, mientras todos sangraban y maldecían a la raza humana, el hombre, el primero en caer, el dolido, se encontraba en un trance absoluto. Ajeno al movimiento y al ruido, completamente dormido, y tal vez feliz, roncaba como un salvaje.
sábado, 5 de febrero de 2011
Programa nº 6 Especial de fin de año 2010 Proyecto Nihon [PODCAST]
martes, 18 de enero de 2011
Tiempo sangre

Antes era capaz de soportar el delgado fluir de mi sangre, la piel lastimada, en silencio y entre sombras acaso, eran horas donde lo sólido surgía como una realidad infalible. Si el cuerpo surca el espacio de lo inestable y es al mismo tiempo materia descarada, plural, escarnio de luz, espinas sobre la tierra reseca, dónde guarda su forma original; su naturaleza inconstante me aqueja. Sangrar fue un ejercicio de purificación, cuando el dolor sólo era la parte prescindible de la existencia.
La sustancia cambia, se transforma, adquiere dimensiones y colores imposibles: incluso mi cuerpo es un laberinto de claridad y plumas escarlatas, raíces monstruosamente retorcidas y el recorrido oscilante brillante de mi sangre oscura. Cuando estoy ebrio el grito es la única forma que apresa la lenta vacilación de mi vida. Debería gritar cada vez que siento ese hormigueo. Debería hacerlo (la sinceridad no es una de mis virtudes). Hace tiempo que la sangre desea un rumbo distinto al que puedo darle. Siento como si mi sien izquierda entrara en trance, al borde de la explosión, y se estableciera un lazo inevitable e invisible con los muros, las sillas, las flores de plástico de mi mesa. Un solo latido. Una sola realidad la mano y la mesa, la piel, la miel, el aire, el cielo: la sola realidad del tiempo y su veneno disolviéndose fantasma.
domingo, 16 de enero de 2011
Luna, Mariposa, Gramática, Nuera y Pergamino

—¿Lo encontraste?
—¿Qué?
—¿Acaso intentas engañarme?
—No lo encontré, fue en vano. Nadie supo darme razón del pergamino. Lo intenté. Espero tu perdón, aunque sea inútil.
—Eres libre de salir de este ambiente, si lo deseas.
“¿Encontré el pergamino? ¿Fui capaz de hallarlo? ¿Qué pasó con los demás? ¿Dónde están los demás?”. Un trozo de hielo, áspero y mortal, descendió desde su cara, se deslizó suavemente bajo su camisa, sucia y húmeda, acabó por recorrer su vientre, se hundió inaccesible entre sus telas. “¿Qué hubiera dicho ella? Nada”. Recordó a la muchacha, la misma que ahora lo miraba llena de rencor y asco.
—Nunca pensé que mi búsqueda terminara así.
—¿Así cómo? —La muchacha insinuó una sonrisa de desprecio. El gran libro pesaba aún sobre su espalda.
miércoles, 5 de enero de 2011
jueves, 9 de diciembre de 2010
(Qué cursi)

No es amor.
La mujer ha dado un paso hacia adelante, el escenario se abre a sus ojos y el público tenso asiste. Ella trae en las manos un vaso con agua. Las luces surgen repentinamente, desde los bordes del espacio avanzan con lentitud hacia el centro. Nicole camina entre las sombras y coge con firmeza el vaso que, como si poseyera una dimensión desconocida, la hace tambalear; sus pies sostienen un peso virtualmente imposible y ella suda, un sudor seco, pegado a su piel, como si la raspara. Cuando llega al centro hay un redoble de tambor. Nicole pisa el escenario, la raíz de la luz, el brazo mirando hacia el público, el vaso muerto lleno de agua.
Nicole.- Hubo un tiempo, un tiempo hubo, en que cada palabra era una llamarada, una pirámide de ojos en la arena inerte de la playa. (Nicole levanta el pie, pisa con fuerza el escenario). Un tiempo hubo cuando la lluvia salía disparada llena de vidrios rotos. (Dobla el cuello hacia la derecha, fuerte, como si quisiera separar su cabeza de su tronco; el brazo inmóvil, el vaso se mantiene en un misterioso equilibrio). Un tiempo hubo...
Comienza a girar en su sitio, sin que el vaso se mueva. Dos vueltas, queda en la posición inicial: el brazo adelante sostiene imperturbable el vaso con agua. Mira a ambos lados; poco a poco coloca el vaso de cabeza. El líquido se derrama sobre el escenario lentamente.
Nicole.- ¡Suficiente!