sábado, 25 de julio de 2009

Ey, Burbuja...




Burbuja ha escrito un post




No comparto algunas de sus ideas.


1


El hombre elefante es doblemente "animal","bestia". No es un hombre. Su deseo de serlo lo aleja doblemente. Su grito espanta no porque sea humano, sino porque descubre a los otros también como animales. Solo un animal que no puede reconocerlo entra en una ansiedad por el molde. ¿Acaso no es un hombre aquel que mata si tiene que sobrevivir y que agrede apenas se siente amenazado? Su permanencia en el mundo es un atentado. Acusa y pone en riesgo a toda la sociedad. ¿Quién es un hombre? El hombre Elefante como accidente, como ideal de una sociedad de "buenitos", pone en riesgo a toda la humanidad. Él no puede existir porque es un bloque, una sustancia idéntica a sí misma; su monstruosidad es la contraparte de esa "bondad" asfixiante e insoportable, monstruosa. El morbo que surge por verlo es el mismo desde los dos bandos; de aquel que lo trata como un "caballero" a aquel que lo trata como una bestia de carga. ¿A quién persiguen esos hombres? A sí mismos, buscan una identidad irreal, una huella de humo y nada. Siguen viendo a aquel que no parece un hombre y que presenta en esa máscara de trapo la sospecha de que tal vez, puede ser; qué hay ahí debajo, se preguntan. Porqué rengea, hacia donde se dirige, será peligroso, no es un hombre pero parece serlo. Ese contorno inhumano, esas proporciones inverosímiles, no delatan nada más que la ausencia del hombre. Es el vacío. ¿Qué hay debajo de la máscara?, me pregunto todos los días al lavarme la cara.


2


Reificación, enajenación (Marcuse y Lukacs, respectivamente): ¿crees que hay un mundo feliz? No es este. Tampoco lo será. Nunca lo fue.

El hombre mientras siga siéndolo está condenado a aniquilarse.

El mundo es enfrentamiento.

Ciorán tiene un fragmento memorable en su ensayo "El fin de la historia". Todo tiempo que tiende a la apertura y a la tolerancia implica una decadencia; no hay quien ponga orden; quien asuma el rol de mando. Cuando el mundo empieza a moverse es porque algo está muriendo. Es una crisis. Es ese minuto de silencio ante la muerte. La aniquilación de un estado del mundo, de una situación concreta. Eso es lo que vivimos ahora. ¿El surgimiento de un nuevo imperio, acaso una nueva edad oscura? Es lo más probable (lo digo sin rubor). La historia no tiene ese orden y esa lógica que nuestros deseos quieren imprimirle. La diferencia es ahora el banderín, la nueva esvástica de la reivindicación. Ser "diferente" es el nuevo leitmotiv de nuestros intelectuales y artistas. Lo cual no está mal; pero ¿hasta que punto es eso un pretexto más, hasta donde es válido? ¿En qué momento se convierte en un cliché, en una estrategia para mantener el poder y la lógica de mercado?

¿Diferente?
Hasta la televisión te dice que tienes que ser diferente. No puedes no ser diferente.



Todo esto ha sido producto de la crítica a la modernidad. Otra palabra que estuvo de moda: "posmodernidad". Cuando pienso al hombre no escucho sino un gran silencio lleno de citas.

La paradoja de la humanidad es que persigue, cada cierto tiempo, una entelequia que no puede ser dicha ni realizada. Une a todos los hombres, encierralos: terminarán asesinándose (si su vida está en riesgo, y riesgo en este caso significa cualquier cosa), tragándose (si no hay nada que comer). En este punto cabe preguntar: ¿realmente asertó Platón al denostar la Ciudad de los cerdos? La civilización ha dejado muerte y desolación. Lo peor es que ha convertido a todo en sí mismo para después convertirlo en diferencia pura. Este proceso inverso no hace más que repetir de manera grotesca la misma ausencia de equilibrio.
¿Defender al otro?

¿Para qué, por qué?

El intelectual nuevamente a las andanzas.

¿Acaso ha llegado el punto de proponer nuevamente proyectos totales? Por lo general estos no se proponen sino se ejercen. La política y la economía con su propio movimiento realizan muchas veces lo que las mentes más brillantes no pueden. El intelectual se debate entre la explicación de los fenómenos y la ejecución/producción de estos.
No se trata de un canto, sino de una sospecha.

1 comentario:

Lourdes Rojas dijo...

A qué humanidad ponemos en riesgo a ésta que se asume como humana que se pone una máscara y nos dice cómo debemos ser porque así somos los seres civilizados (¿?)
Ciertamente, todos tenemos instintos. Pero, me pregunto tan intolerables es esta idea de no ser parte de ese molde, porque simplemente no negarse.
¿A quién persiguen? Persiguen al diferente, al ajeno. Tú lo dijiste él rompe el molde ahí tenemos una contraparte. Una verdad que nos dice no sólo con palabras (esas que no existen, esas que son convenciones) sino que nos refriega en la cara que aquel enigma que está como epílogo siempre y que creemos nunca será verdad porque simplemente es utopía. Resulta que no es utopía, está ahí escondida y se va porque no somos capaces de verla y cuando la vemos sólo nos horrorizamos y no, no, estamos horrorizados de él. Él es externo nos horrorizamos de lo que nos causa, nos transmite esa ¿bestia? Esa bestia nos refriega en la cara que la convención de la palabra bestia cae y no es capaz de rebotar porque se queda pegada a esta máscara que no se nos ira nunca. Pero, porque simplemente no dejamos de pensar en los ojos o la nariz de la máscara. Miremos más allá, veamos la mirada sintamos la respiración ¿Qué hay debajo de las máscaras? Hay muchas más que lo que vemos hacia fuera de ellas.


Un nuevo proyecto de totalidad de diferencia total porque tal como tú lo dices todos te indican que debes ser diferente pero ¿diferente a quién? diferente a ti mismo y parecido a ese otro que tiene el poder. A ese otro que es capaz de estar inserto en ese inmenso viento que nos cubre a todos. Todos quieren ser rubios, delgados y bonitos. Porque así son los que tienen poder, que es lo mismo que decir, los que tienen el dinero. Todos quieren ser como ellos, hablar como ellos, caminar como ellos, todos quieren ser deseados. Un ejemplo todas las fotos esforzadas que ves en el hi5, todos se esmeran por ser bonitos, medio calatos; buscan desesperadamente ser deseados. Ahora si bien es cierto todos de algún modo queremos satisfacer nuestra libido, no es lo principal ¡vamos! (es sustancial no lo negaremos pero no primordial). Lo que quiero decir es que vivimos en una sociedad tan espantosamente cegada en cuestiones tan torpes que se nos preguntamos cómo es posible que Keiko Fujimori pueda ser una opción.
- El intelectual se debate entre arrancar máscaras o colocarse una. Elijamos ¿La careta del hombre elefante? O ¿Las caretas esforzadas del hi5?