viernes, 30 de octubre de 2009

Poética


1 poética


Hoy en clases, Valenzuela dijo algo inesperado. Fue un secreto concedido, una verdad dolorosa y difícil. La escritura de un relato que al concluir anulara los sentidos, la percepción, la razón misma, siquiera por un instante. Un conjunto de palabras que pulsaran ese punto y provocaran un incendio (una intensa columna de fierro rojo ardiendo).


1 respuesta (otra poética)


¿Un poema, un relato, un texto cualquiera que solo pudiera contemplarse? ¿Observado? ¿Que no dijera nada, sino que su belleza consistiera en su estar? ¿Un monumento de palabras, un conjunto de sonidos inaprehensibles, una consistencia difusa? ¿Una maravilla, una presencia, un absurdo, una escarapelante ausencia? ¿Un texto de imposible lectura? ¿Un instante permanente antes del sentido y después de él?

jueves, 29 de octubre de 2009

Perdido


En muchos de mis sueños toco a mi hermana. Es irreal la manera en la que ella y yo comprendemos ese lenguaje de piel, sudor, pequeños estertores. Es irreal, también, la manera en la que nos entregamos a aquella fiesta de fascinante descubrimiento. Terminado el sueño, desciendo nuevamente a la mañana, el agua fría, el desayuno caliente y todos en la mesa. Madre oficia una plática forzada. Escucho atentamente, especulo, me ofrezco en esencial reserva, me hago el desentendido, la indiferencia se apodera de mí: acaso nada pase. Callado, espero la vuelta al equilibrio: la inevitable pregunta se produce. Miro a todos lados, tomo un poco de aire, miento. Nada ha sucedido. Cojo mis cosas, me alejo, una gota de sudor se mantiene suspendida en mi frente. Por fin en la calle, sonrío.

domingo, 25 de octubre de 2009

Vs.


Los canarios no cantan.


Todas las mañanas mi hermana y yo nos acercamos sigilosamente al cuarto de la abuela. Escudriñamos, atentos. Ella duerme aún. Los canarios reposan suavemente en su frágil casa de madera. Nos miramos, nos decimos, damos palmas. Volvemos corriendo a nuestra habitación. Hoy seguramente, así será.

Mi abuela habla desde hace mucho un lenguaje cristalino, puro y, por eso mismo, incomprensible para nosotros. Su tiempo transcurre sobre el nuestro milagrosamente. Nadie lo nota. Pero las flores crecen desesperadas, alegres, beben de sus palabras, de su tiempo.

Los canarios no entienden de seguro. Miro a mi abuela sin tiempo. Acaso ella lo sabe, se contiene, no dice nada. Los pájaros amarillos y deleznables para mí, no lo son para ella. Espera todos los días y todos los días asume la ausencia de su canto. Todavía recuerdo su esfuerzo para conseguirlos. Los pájaros no cantan, mientras ella se mantiene firme en su silla. Nos miramos, mi hermana y yo. ¿Cómo combatir ese silencio que lo embarga todo? ¿Ese silencio que se lleva a nuestra abuela en un viaje sin alas por pasadizos oscuros?

No hay nada que decir.

jueves, 22 de octubre de 2009

Casa


Un sonido en la oscuridad de mi casa me ha despertado. Me levanto y persigo a aquella presencia oculta entre las sombras. Camino. Subo escalones. Bajo, descubro, encuentro rastros humeantes y desconocidos. Nada ha sido dejado en su sitio. Todo sigue en permanente orden. La casa, como si develara su secreto, me entrega su corazón lleno de impurezas, de fragmentos de nuestra única vida. ¿Quién es ese extraño visitante? ¿Por qué cada uno de sus pasos es presentido más nunca cierto? Vuelvo a mi cama, aturdido, exigiéndome unas pocas explicaciones. Cierro los ojos y me abandono a la oscuridad de mi cuarto. Aún es de noche. Otra vez lo he escuchado. Abro los ojos, los cierro. Todo es insignificante en este momento. Me aferro a mi cuerpo solamente. ¿Y si lo único real en este instante fuera la respiración de mi casa, su pausado pulso, el lento vaivén de su pulmones? ¿Y si en realidad lo único extraño en su interior fuera yo mismo? Una profunda neblina se hunde en los muros de mi habitación.

sábado, 17 de octubre de 2009

Posesión


¿Cómo no desconfiar? La originalidad, lo absolutamente personal, la “individualidad” suenan a nada cuando frente a uno aparecen exacta o ligeramente replicados los gestos, el movimiento, el rostro mismo. ¿Cuántas veces hemos encontrado esos labios, esos ojos, ese intenso color de su cabello bajo el sol? ¿Cuántas nos hemos levantado conmovidos ante el espectáculo de un cuerpo semejante? Las personas se repiten con una penosa insistencia. No es extraño encontrar combinaciones disímiles y reales de aquello que consideramos una particularidad. ¿Existe algo realmente propio? ¿O acaso aquellas reproducciones no son más que una pequeña ligereza, una broma de mal gusto? ¿Se trata solo de un préstamo de piel, cejas o nudillos? ¿O acaso nosotros mismos, nuestro precioso interior, es también un compuesto de materias inverosímiles y nómades dispuestas sobre geografías y latitudes extrañas? Quién soy, me pregunto, mientras la mujer que amo se disuelve entre una volátil muchedumbre.

martes, 13 de octubre de 2009

Hotel paranoia o sobre la muerte del héroe en Cloverfield (I)

Este ensayo es una respuesta a la reseña que Ricardo Bedoya publicó sobre Cloverfield[1]. Destaco en ella una omisión y replico uno de sus planteamientos. Este es un análisis inmanentista. Limitado sin duda. En realidad, es más un ejercicio de argumentación que otra cosa. Así que, Ricardo, no te lo tomes a pecho. La principal ausencia en la reseña: jamás se menciona la estrategia de marketing de la película. Cloverfield trabajó una publicidad constante desde antes que se proyectara. ¿Qué tiene esto de novedoso? Lo hizo a través de información filtrada en la red. Una suerte de cadena que te obligaba a seguir eslabón por eslabón hasta que llegaras a algún sitio. Nunca se llegaba a nada concreto. Incluso la página de la película solo contiene un grupo de imágenes que se pueden mover con el mouse; detrás de algunas de ellas se pueden encontrar palabras escritas[2]. Se jugaba a (con) lo misterioso. Así fue como una serie de amigos de la red buscaba, encontraba, divulgaba y se exaltaba cada vez que descubría un dato. Solo con ese seguimiento puedes obtener la información que explica y completa la película. Sino solo te queda una imagen turbia y penosa de los acontecimientos. Este hecho anecdótico guarda estrecha relación con una particularidad del film: no sabes nada. Lo primero que se vulnera en el espectador lego en computación es la información básica. La génesis de esa bestia inmensa es desconocida. Si accedes a los detalles de la producción te enterarás de algunas cosas vinculadas con el diseño del monstruo y muchas referencias importantes para la comprensión de Cloverfield. Espectador activo y posesivo.
Para los que no la han visto: Cloverfield es una película de monstruos narrada en primera persona. Se utiliza el recurso de la cámara en mano. Si bien su valor estético es dudoso, no sucede lo mismo con los componentes ideológicos que contiene. La película vista sin otro apoyo que la misma proyección deja una serie de vacíos: lo absurdo de los acontecimientos genera una gama de preguntas. Un monstruo que sale del mar y ataca Nueva York (una vez más). Una relación de pareja que “casualmente” se relaciona con este incidente. Una narración que vincula ambas historias y un final “triste” (o mejor, no feliz). Este aspecto es el que cuestiona Bedoya. Para él, no se llega a conciliar la “comedia romántica” y el thriller. Se trata de dos relatos que no coinciden y que, a la larga, terminan por fracturar la película. En otras palabras, no existe una unidad de género. El intento de fusionar ambas instancias fracasa. Esto significa que la película está mal planteada. Esa afirmación es errada. Retomemos: la ausencia de una explicación constructiva del nacimiento y clave para destruir al monstruo es una estrategia que posee infinidad de lecturas. El hecho de haber colocado esa información fuera de la película es sin duda un mecanismo comercial para involucrar de manera activa al espectador. Este encuentra su correlato en la individualización del punto de vista. El narrador invoca al espectador. ¿Por qué en un momento como este se da un movimiento así? ¿Cloverfield es realmente una película “mal planteada” o se trata de una película semidesnuda, es decir, una que muestra cuáles son los recursos, presupuestos, estrategias y estructuras constituyentes de este tipo de realizaciones? ¿Acaso esta película es una puerta abierta por la cual podemos intentar un primer diagnóstico de la política norteamericana, mejor dicho, de la manera cómo se relacionan el individuo y el Estado gringo? Cuando una pieza del rompecabezas se mueve implica más que ese simple movimiento.
Los desplazamientos de poder en el mundo se vinculan con el aumento y/o carencia de fe. Solo una época como la nuestra es capaz de mostrar cómo el hombre religioso
[3] no solo ha sobrevivido sino que sostiene el precario equilibrio en el que nos mantenemos y es una pieza clave para entendernos. La política convertida en una suerte de culto compartido, la figura del héroe político y una serie de elementos que rememoran los rituales de la iglesia son mecanismos por los cuales se ponen de manifiesto antiguas fórmulas religiosas. Nuestro mundo no está hecho sino de estas fórmulas reivindicadoras de lo sagrado, presentes en nuestra vida cotidiana. Con esto no quiero decir que las cosas se mantengan detenidas en el tiempo o que podamos afirmar de manera fácil: “el hombre no ha cambiado, sigue siendo el mismo”. Sino que estas estrategias se mantienen, aunque por otros medios y cumpliendo otras funciones. La secularización efectuada en la modernidad implicó el reposicionamiento de estos mecanismos, en ningún caso su extinción y/o superación como, por lo general, se piensa.
El hecho de que la cultura de masas reproduzca (palabra clave para nuestro ensayo) en serie una gran cantidad de accesorios e implementos y haya convertido el ocio en un espacio de politización e ideología se vincula explícitamente con mecanismos de construcción de nuestros parámetros mentales. En nuestro caso, el uso de fórmulas en la realización de películas es una exigencia no solo presupuestal, implicada con asuntos de producción, sino una necesidad y una suerte de autorregulación del sistema. Si bien no podemos afirmar que cada película de Hollywood es producida por el gobierno de los Estados Unidos, eso no impide que estas se puedan en leer en clave simbólica y sintomática. Su cualidad de manifestación del cuerpo nacional es una cifra que ayuda a suponer/entender el estado en el que se encuentra su población, las ideas que comparten. Cada vez estoy más convencido de que la posibilidad de pensar el Estado nacional como un cuerpo-tejido integro en el que cualquier modificación de las partes muestra la salud del todo ofrece una serie de ventajas para el análisis. Aunque estas ideas no han alcanzado un estado óptimo y necesitan repensarse (tal vez por años y años) no veo impedimento para suponerlas en este trabajo.
¿Cloverfield se convierte de esta manera en un síntoma de la pérdida de fe en el sentido común de los norteamericanos? Es posible y me interesa la explotación de esta posibilidad. Como afirmaba Nietzsche, solo el fanático es capaz de sostener un imperio. Invirtiendo los términos: todo imperio para subsistir, para mantenerse, convierte a sus habitantes en fieles, en creyentes. Cito a Nietzsche: “En comparación con el que tiene la tradición de su parte y no necesita razones para obrar, el espíritu libre siempre es débil, sobre todo en la acción; pues conoce muchos motivos y puntos de vista y, por esto, obra de manera insegura y vacilante”
[4]. Esta debilidad es la que caracteriza al surgimiento de la autoconciencia en la vida social. La relativización del bien y del mal, en el lenguaje de Nietzsche, implica una identificación y un cuestionamiento profundo de los códigos y estrategias por los cuales se reproduce en el individuo la sociedad. Esto significa que la sola presencia de este sujeto interfiere y pone en peligro los modos y convenciones sociales en su conjunto. Esta situación describe muy bien el modo en el que el intelectual se inserta en el grupo. Con todo, no es la única manera de comprenderlo. Un sujeto “fuerte”, convencido plenamente de lo que hace, de su lugar de procedencia y de su razón de ser en este mundo es el mayor instrumento de conservación del poder. Pero ¿Si este estado se modifica, acaso es posible que los mismos instrumentos que mantienen el sistema evidencien, debido a un exceso o a una carencia, la inseguridad o la pérdida de fe? La fe mueve al mundo. La política concebida como la movilización de amplios grupos sociales en una dirección definida es un ejercicio en el que dios y el estado se siguen dando la mano.



[1] BEDOYA, Ricardo. “Monstruos de hoy. Cloverfield y Michael Clayton”. En: El Dominical. Suplemento de actualidad cultura de El Comercio. Lima, 17 de febrero del 2008, p. 15.
[2] Cf. Wikipedia
[3] Para lo que sigue: cf. ELIADE, Mircea. Lo sagrado y lo profano. Barcelona, Labor, 1985; NIETZSCHE, Friedrich. Humano, demasiado humano. Madrid, Mestas, 2007; y PAZ, Octavio. Los hijos del limo. [Bogotá], Oveja Negra, 1985, el primer capítulo especialmente.
[4] NIETZSCHE, Friedrich. Op. Cit. P. 185. Cursivas mías.

viernes, 9 de octubre de 2009

Murders:

Si creías q estás cagado...

Copia el link y entra: (vive la modernité!)

http://forum.uncoverreality.com/audio-video/52789-murderers-brutally-kill-man-camera-beware-sickest-thing-you-will-ever-see.html

Testigo


La UNMSM está en plena decadencia. Los sanmarquinos viven atrapados en un mundo épico. Necesitan de héroes y mártires. Cuando aparece un sangrante ellos se emocionan, aunque no estén participando, e invocan a esos derechos tan fundamentales como etéreos que los respaldan. Es una lástima la ceguera que los aprisiona. El juego está en otra parte. Hace tiempo que nuestra universidad viene perdiendo. El hecho de vivir del nombre no es lo más dramático, sino que una serie de políticas estúpidas le restan sus posibilidades como centro productor de conocimiento. En las encuestas seguimos en picada. Nuestras bibliotecas se apolillan. No contamos con los materiales mínimos para tener una formación decente (conste que no digo buena). A este paso en veinte años San Marcos estará tocando piso.
La relación entre la universidad y la sociedad no debe descuidarse, eso es cierto. Sin embargo, el anquilosamiento de los recursos de réplica y reclamo estudiantiles es otro síntoma del camino elegido. Reclamar ante medidas injustas es a todas luces una toma de conciencia digna y elogiable; hacerlo con las mismas estrategias de hace veinte años es una muestra más de la terrible enfermedad que viene consumiendo a San Marcos. No se trata de cambiar los medios. Utilizar el video en vez del panel no cambia nada. Se trata de remover esa arquitectura mental que obstaculiza un acercamiento más real a la situación estudiantil. Mientras no se coloque en primer plano el tema académico (y no, como se hace ahora, de relleno) seguiremos cayendo y sonriendo patéticamente ante la rodilla fracturada o el labio partido de nuestro “compañero”. Mientras se privilegie la gratuidad a la calidad educativa solo nos queda la agonía como universidad.

jueves, 8 de octubre de 2009

Dos poemas de César Moro

Vienes en la noche con el humo fabuloso de tu cabellera

Apareces
La vida es cierta
El olor de la lluvia es cierto
La lluvia te hace nacer
Y golpear a mi puerta
Oh árbol
Y la ciudad el rnar que navegaste
Y la noche se abren a tu paso
Y el corazón vuelve de lejos a asomarse
Hasta llegar a tu frente
Y verte como la magia resplandeciente
Montaña de oro o de nieve
Con el humo fabuloso de tu cabellera
Con las bestias nocturnas en los ojos
Y tu cuerpo de rescoldo
Con la noche que riegas a pedazos
Con los bloques de noche que caen de tus manos
Con el silencio que prende a tu llegada
Con el trastorno y el oleaje
Con el vaivén de las casas
Y el oscilar de luces y la sombra más dura
Y tus palabras de avenida fluvial
Ten pronto llegas y te fuiste
Y quieres poner a flote mi vida
Y sólo preparas mi muerte
Y la muerte de esperar
Y el morir de verte lejos
Y los silencios y el esperar el tiempo
Para vivir cuando llegas
Y me rodeas de sombra
Y me haces luminoso
Y me sumerges en el mar fosforescente donde acaece tu estar
Y donde sólo dialogamos tú y mi noción oscura y pavorosa de tu ser
Estrella desprendiéndose en el apocalipsis
Entre bramidos de tigres y lágrimas
De gozo y gemir eterno y eterno
Solazarse en el aire rarificado
En que quiero aprisionarte
Y rodar por la pendiente de tu cuerpo
Hasta tus pies centelleantes
hasta tus pies de constelaciones gemelas
En la noche terrestre
Que te sigue encadenada y muda
Enredadera de tu sangre
Sosteniendo la flor de tu cabeza de cristal moreno
Acuario encerrando planetas y caudas
Y la potencia que hace que el mundo siga en pie y guarde el equilibrio de los
mares
Y tu cerebro de materia luminosa
Y mi adhesión sin fin y el amor que nace sin cesar
Y te envuelve
Y que tus pies transitan
Abriendo huellas indelebles
Donde puede leerse la historia del mundo
Y el porvenir del universo
Y ese ligarse luminoso de mi vida
A tu existencia


El fuego y la poesía

En el agua dorada el sol quemante refleja la mano del cenit.


I

Amo el amor
El martes y no el miércoles
Amo el amor de los estados desunidos
El amor de unos doscientos cincuenta años
Bajo la influencia nociva del judaísmo sobre la vida monástica
De las aves de azúcar de heno de hielo de alumbre o de bolsillo
Amo el amor de faz sangrienta con dos inmensas puertas al vacío
El amor como apareció en doscientas cincuenta entregas durante cinco años
El amor de economía quebrantada
Como el país más expansionista
Sobre millares de seres desnudos tratados como bestias
Para adoptar esas sencillas armas del amor
Donde el crimen pernocta y bebe el agua clara
De la sangre más caliente del día

II

Amo el amor de ramaje denso
Salvaje al igual de una medusa
El amor-hecatombe
Esfera diurna en que la primavera total
Se columpia derramando sangre
El amor de anillos de lluvia
De rocas transparentes
De montañas que vuelan y se esfuman
Y se convierten en minúsculos guijarros
El amor como una puñalada
Como un naufragio
La pérdida total del habla del aliento
El reino de la sombra espesa
Con los ojos salientes y asesinos
La saliva larguísima
La rabia de perderse
El frenético despertar en medio de la noche
Bajo la tempestad que nos desnuda
Y el rayo lejano transformando los árboles
En leños de cabellos que pronuncian tu nombre
Los días y las horas de desnudez eterna

III

Amo la rabia de perderte
Tu ausencia en el caballo de los días
Tu sombra y la idea de tu sombra
Que se recorta sobre un campo de agua
Tus ojos de cernícalo en las manos del tiempo
Que me deshace y te recrea
El tiempo que amanece dejándome más solo
Al salir de mi sueño que un animal antediluviano perdido en la sombra de los
días
Como una bestia desdentada que persigue su presa
Como el milano sobre el cielo evolucionando con una precisión de relojería
Te veo en una selva fragorosa y yo cerniéndome sobre ti
Con una fatalidad de bomba de dinamita
Repartiéndome tus venas y bebiendo tu sangre
Luchando con el día lacerando el alba
Zafando el cuerpo de la muerte
Y al fin es mío el tiempo
Y la noche me alcanza
Y el sueño que me anula te devora
Y puedo asimilarte como un fruto maduro
Como una piedra sobre una isla que se hunde

IV

El agua lenta el camino lento los accidentes lentos
Una caída suspendida en el aire el viento lento
El paso lento del tiempo lento
La noche no termina y el amor se hace lento
Las piernas se cruzan y se anudan lentas para echar raíces
La cabeza cae los brazos se levantan
El cielo de la cama la sombra cae lenta
Tu cuerpo moreno como una catarata cae lento
En el abismo
Giramos lentamente por el aire caliente del cuarto caldeado
Las mariposas nocturnas parecen grandes carneros
Ahora sería fácil destrozarnos lentamente
Arrancarnos los miembros beber la sangre lentamente
Tu cabeza gira tus piernas me envuelven
Tus axilas brillan en la noche con todos sus pelos
Tus piernas desnudas
En el ángulo preciso
El olor de tus piernas
La lentitud de percepción
El alcohol lentamente me levanta
El alcohol que brota de tus ojos y que más tarde
Hará crecer tu sombra
Mesándome el cabello lentamente subo
Hasta tus labios de bestia

V

Verte los días el agua lenta
Una cabellera la arena de oro
Un volcán regresa a su origen
Verte si cuento las horas
La espalda del tiempo divinamente llagada
Un ánfora desnuda hiende el agua
El rocío guarda tu cuerpo
En lo recóndito de una montaña mágica
Cubierta de zapatos de muñeca y de tarjetas de visita de los dioses
Armodio Nerón Calígula Agripina Luis II de Baviera
Antonio Cretina César
Tu nombre aparece intermitente
Sobre un inmenso ombligo de panadería
A veces ocupa el horizonte
A veces puebla el cielo en forma de minúsculas abejas
Siempre pudo leerlo en todas direcciones
Cuando se agranda y se complica de todas las palabras que lo siguen
O cuando no e sino un enorme pedazo de lumbre
O el paso furtivo de las bestias del bosque
O una araña que se descuelga lentamente sobre mi cabeza
O el alfabeto enfurecido

VI

El agua lenta las variaciones mínimas lentas
El rostro leve lento
El suspiro cortado leve
Los guijarros minúsculos
Los montes imperceptibles
El agua cayendo lenta
Sobre el mundo
Junto a tu reino calcinante
Tras los muros el espacio
Y nada más el gran espacio navegable
El cuarto sube y baja
Las olas no hacen nada
El perro ve la casa
Los lobos se retiran
El alba acecha para asestarnos su gran golpe
Ciegos dormidos
Un árbol ha crecido
En vano cierro las ventanas
Miro la luna
El viento no ha cesado de llamar a mi puerta
La vida oscura empieza

lunes, 5 de octubre de 2009

El tacón de Aquiles, conversaciones con la señora Maricuchita


Cada vez que acudo a una oficina o cuando pago el pasaje en el carro no puedo evitar el sudor en mi frente, mis manos frondosas de calor, mi cabeza entera cubierta de un humo espeso y todo yo me lleno de astillas y espinas extrañas. Nadie se da cuenta, todos pasan distraídos. Solo cuando alguien me roza y siente que una pequeña herida se abre en su frente o en algún recóndito lugar oculto tras sus telas, voltea y no encuentra nada, prosigue hasta conseguir un admirable asiento. Mi piel se pone rígida y el aire, el corazón, se continúan en una espiral interminable. Todo termina al poco rato. Pienso, pienso, ¿cuál es la razón? ¿A qué se debe ese involuntario impulso? Nadie sabe lo difícil que me resulta iniciar una conversación. Mi vida social se ampara en un engaño, en una mentira cotidiana de anzuelos y de guiños. Soy un mentiroso. Por eso la obsesión con la verdad, su inexplicable búsqueda. Cojo el agua fresca, maravillosa, atino aún a recordar sus palabras. “Un inútil, ciertamente”. Eso no es lo peor. Lo peor es que siempre sudo. Escucho sus palabras. Siempre miento.
Leo, encerrado en mi habitación todo tiene sentido. Los libros están donde deben estar y un prodigioso orden lo sostiene todo. Puedo quedarme tranquilo. Pero al cruzar esa puerta todo adquiere una densidad incómoda. De nuevo las preocupaciones me asaltan. Es difícil, un inútil, ciertamente. Es simple: solo se tiene que poner la moneda en la mano. Lo importante es la justicia, el equilibrio entre los intereses. Hay que evitar la humillación, el ponerse rojo, el serpentear, el que te crezcan ramas y unas avecillas de color moteado aniden entre tus ojos. Estoy en el paradero. Esta vez no voy a pagar. Cada uno escoge su camino, ciertamente. Ser un inútil para la vida no significa estar eliminado de su juego, me digo. Sé que eso es mentira. No pienso pagar, no voy a pagar. Esa será mi venganza, mi manera de sellar la puerta del cuarto y de corresponder en este mundo el orden de ese otro mundo, el de mis libros. Aviso, levanto la mano y no es el carro el que asiente a mi señal, sino una garúa agonizante, apenas perceptible al tacto. Espero para cumplir mi cometido; será mi venganza, me digo. Eso también es mentira.

jueves, 1 de octubre de 2009

Formulaciones


Todo artista combate durante su vida con (y por) la (su) forma. Su obra se centra en la manera cómo la trabaja, cómo ha superado sus limitaciones y ha sido capaz de impregnarle su marca personal. Ese trabajo es el que finalmente dictaminará su valor como artista y su perduración en el tiempo. En el momento en que empieza a dominarla, en el que, finalmente, se ha apropiado de ella y posee un estilo propio surgen las preguntas. Sus recursos le proporcionarán logros estéticos y aciertos en su búsqueda artística. Le servirán como los soportes expresivos en los que su mundo encontrará manifestación. Después de ese momento de pleno auge empieza el desconcierto: es ese momento en el que se genera la diferencia entre el artista genial y el buen artista. Mientras el segundo evade las preguntas, el primero las asume de manera peligrosa. Sabe que esos cuestionamientos ponen en riesgo su obra; que lo obligan a asumir su camino como siempre inacabado. El segundo, sin desmerecer su esfuerzo y su trabajo, convertirá sus descubrimientos en fórmulas. Con el tiempo, estas formulas que alguna vez resultaron sorprendentes y admirables se volverán predecibles, se anquilosarán. El artista genial tal vez no consiga superar esa crisis. Tal vez, no tenga otra opción más que aceptar el silencio. Su grandeza consiste precisamente en eso: su comprensión de la forma y del arte lo llevan a una búsqueda que quizás nunca encuentre manifestación visible. Quizás, su obra se encuentre en los oscuros pasadizos de su mente, o en el laberinto celeste de sus vísceras, entre su corazón y sus pulmones. No lo sabemos. Nunca lo sabremos.